A.W. Tozer sugirió esta oración en cuanto a nuestra tendencia para comparar y competir:
“Querido Dios, de aquí en adelante me rehúso a competir con cualquiera de Tus siervos. Ellos tienen congregaciones más grandes que la mía. Que así sea. Me regocijo en sus éxitos. Ellos tienen dones más grandes. Muy bien. Eso no esta en su poder, ni en el mío. Yo, humildemente, estoy agradecido por sus dones más grandes y mis pequeños dones. Yo sólo oro que pueda utilizar estos dones modestos que poseo para Tu gloria. No me compararé con nadie, ni trataré de hacer crecer mi auto estima al notar donde puede tener éxito sobre este o aquél en Tu santa obra. Y con esto hago una manta de repudio de cualquier valor intrínseco. Soy solamente un siervo improductivo. Yo gustosamente voy al pie de la cruz y me hago el menor de Tu pueblo. Si fracaso en mi propio criterio y en realidad me subestimo, no quiero saberlo. Me propongo el orar por otros y el regocijarme en sus éxitos como si fueran míos. Y asimismo es mío si es Tuyo, pues lo que es Tuyo es mío, y mientras que una planta y otro riega, solamente eres Tú quien da el crecimiento.” (A.W. Tozer, El Principe de Descuido)
Fuente: Enduring Word Commentary







